Aníbal Ruiz y la magia del temple, con sabor a despedida

¿Para qué sirve templar? Porque en esto de torear lo difícil es lo verdaderamente interesante, lo que de verdad emociona y a lo que llamamos o queremos titular siempre como “La verdad del toreo”, cuando se expone ante una embestida difícil y exigente de un toro bravo. Por ello lo esencial de esto es cuando un animal de media tonelada que acomete al galope hacia un trozo de tela rojo que le ofrece el torero y que gracias al temple de desplaza con lentitud, comienza a desarrollar cadencia, ritmo y provoca un conjunto artístico acompañado de la cintura del torero y de su expresión corporal, para concluir en lo mágico, en lo difícil, en el temple, en el toreo despacio y hoy en la lección magistral impartida por Aníbal Ruiz de todo esto, con el quinto de la tarde.
A principios de año la temporada actual se cubrió de nostalgia con la decisión de retirarse de los ruedos de Aníbal al finalizar la misma. Hoy en la plaza que le vio crecer y que lo parió como torero se ha elevado a su máximo esplendor esa tristeza de ver como se despide un torero en el mejor momento de su carrera. Un torero querido por el resto de los profesionales como demostraron sus compañeros de cartel, brindándole un toro cada uno, un torero respetado por los aficionados y un torero admirado por todos por la dignidad de su trayectoria. Quizá faltó en el tendido un chispazo de sensibilidad de aficionados, que le hicieran salir a saludar tras el paseíllo pero ya estaba D.Diego Ortega allí para enmendar este desliz de la afición alcazareña demostrándole un grandioso cariño al torero y sacándole en hombros por la puerta grande en una imagen que debería recorrer España entera, como ejemplo de un alcalde comprometido con la fiesta, sin pelos en la lengua y amigo de sus amigos como lo ha demostrado hoy, ¡bravo alcalde! La faena templada y rotunda de Aníbal con el quinto, la brindó a Mari Flor, esposa de Gregorio Herrero, el que fuera presidente de la plaza de toros de Ciudad Real.
Con el capote hubo también momentos buenos de Aníbal en sus dos saludos a la verónica, a los que en su primero precedió la larga cambiada de rodillas como carta de presentación y galleó por chicuelinas a su segundo para llevarlo al caballo. Todo lo que hizo Aníbal hoy en Alcázar llevó el sello de la tranquilidad, del poso de los años y del sentido del compromiso con sus paisanos y con su plaza de Alcázar de San Juan.
A la altura del torero estuvo su cuadrilla, con Manolo Castellanos en la lidia del quinto, muy despacio con el capote, haciendo las cosas muy bien, y dejando en suerte al toro para que Oscar Castellanos y Miguel Ángel Ramírez demostraran condiciones, andando sobrado el primero de ellos y sin notarse las lógicas molestias del percance del pasado domingo en Alcalá de Henares del que hace de tercero. Ignacio Sánchez también estuvo bien colocando una buena vara en la misma yema
La corrida de Albarreal demostró la escasez de raza y de casta, la flojera en sus fuerzas y el deslucido comportamiento en los tres tercios de cada uno de ellos. Se salvó el quinto con una embestida de más calidad (sin terminar de humillar) que sus hermanos y mas motor en su interior, con el que Aníbal ha estado sensacional.
En primer lugar fue devuelto el inválido de la ganadería titular remendado por un sobrero de El Ventorrillo que resultaría ser el mejor de los que saltaron hoy al coso alcazareño. Desplazándose con clase por ambos pitones y haciendo gala de una embestida que transmitía importancia y calidad de toro de lio gordo. Fue al caballo empujando con fijeza, y galopó en los palos que clavó Padilla con soltura y oficio. En la muleta no supo el jerezano sacar toda el agua de un pozo de bravura, resultando aseado el trasteo del que apodan “el pirata” desde los tendidos de sol. Con el segundo de su lote anduvo más en Padilla y más en ese toreo de público que alborota los tendidos a base de adornos, arrimones, desplantes y saber vender una labor ante un toro sin condiciones. De manera incompresible y volviendo a ponerle al tendido un negativo, se le pidió el rabo que el presidente acertadamente no concedió poniendo un poquito de criterio a las cosas.
La mala suerte y la fatalidad con el lote hoy más deslucido dentro del bajo nivel ganadero, ha correspondido a Iván Fandiño, a quien no se le ha podido ver desplegar su firmeza y el momento que atraviesa esta temporada. De sobra conocido es el valor y la manera de exprimir por abajo a los toros de Iván, necesitando para ello un enemigo que se mueva, que presente pelea y que llegue a la muleta con movilidad y transmisión. Hoy su primero resulto ser nulo para un posible lucimiento, su segundo igual, el cual se fracturó una mano durante los momentos finales de su faena y el sobrero que pidió para resarcirse, resultó ser “un prenda” de El Ventorrillo, muy serio, muy hondo, que nos hizo pasar miedo y con el que solo valía doblarse y matarlo dignamente. En su primero se desmonteró Miguel Martin tras parear de manera brillante y Manuel Bernal protagonizó la suerte de varas de manera brillante ante el bravucón sobrero que apretó de lo lindo en un puyazo con mucha exposición por parte del picador al que romaneó con poder.

Plaza de Toros de Alcázar de San Juan. Dos tercios de entrada. Tarde agradable.
Seis toros de Albarreal, sin raza, desiguales y flojos. El primero devuelto y el sexto apuntillado por fracturarse una mano. Y dos sobreros (1ºbis y 7º) de El Ventorrillo bien presentados, con más movilidad, clase y transmisión el primero y peligroso y geniudo el que cerró plaza.

• Juan José Padilla (Nazareno y oro): Oreja y dos orejas

• Aníbal Ruiz (Gris plomo y oro): Dos orejas y dos orejas

• Iván Fandiño (Azul cielo y oro): Palmas, Palmas y oreja en el sobrero de regalo.

Juan José Padilla y Aníbal Ruiz salieron a hombros.

Crónica: Víctor Dorado Prado. Fotografías: Manuel del Moral Manzanares.
Prohibida la reproducción total o parcial de texto o fotografías.

 

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