DOS DE CIUDAD REAL QUE ARREAN Y UNO DE MURCIA QUE NO SE QUEDA ATRÁS

En esta intensa tarde taurina, en lo que a la provincia se refiere, la Plaza de Toros de Daimiel presentaba media entrada con una temperatura agradable y una suave brisa que para nada molestaba en el ruedo a los matadores.

Se anunciaba una corrida de cuatro toros y dos novillos de la ganadería de Virgen María de procedencia Jandilla vía Victoriano Del Río y Daniel Ruiz de una magnifica presentación en lo que a la morfología y pitones se refiere, pero que luego resulto rajada con cierta nobleza. Es de esas tardes en los que el 90% lo ponen los toreros.

Rafaelillo que abría la tarde con unas acompasadas verónicas rematadas con una vistosa revolera , se midió ante un astado que se dejó hacer en líneas generales, protestón y echando la cara arriba al final de los muletazos . El deleite vino con una magnifica tanda de naturales echando “la pata alante” y con el compás abierto, citando de frente y dando el pecho. Remató la faena de su primero doblándose con el rodilla en tierra. Pinchazo en lo alto y media caída pero efectiva que le permitió pasear una oreja.

Fernando Tendero que traía una atmosfera de expectación tras su magnífica actuación con la corrida Victorino en la Feria de Ciudad Real le toco lidiar con el más complicado y con peores ideas de la tarde. Muy de gusto con el capote en el recibo a la verónica y a la hora de colocarlo en el caballo. Estupenda lidia la de Jorge Escribano que supo darle lo suyo en cada capotazo. Ya con la muleta Fernando hizo todo ante su enemiga de envestidas poco claras y reservón, echando la mirada al torero en cada cite. Con una preciosa tanda con la mano izquierda para después doblarse hasta colocarlo para la suerte suprema y recetarle una estocada entera. El palco concedió un trofeo a su labor.

Y llegaba el paisano, Carlos Aranda, sin duda el más esperado por el público Daimieleño que estaba con ganas de ver a su novillero. Y Carlos salió a comerse un novillo de excelentísima presentación, de echo afirmaría que mucho más trapío y hechuras que las de muchos toros que se lidian en muchas plazas de la provincia. Carlos con su excelente manera de componer la figura y con unas muñecas privilegiadas a la hora de mover el percal recibió al novillo entre los vítores del público. Citar la importancia de los dos pares de Valentín Cuevas. Empezó la faena el Daimieleño citando de lejos y dando cuatro derechazos muy largos, pero amigo aquí el novillo se rajó y se fue a buscar la puerta de chiqueros y allí tuvo que sacarle todo lo que pudo a un animal que huía. Tres pinchazos y una estocada entera que le costó un puntazo sin consecuencias que le rajó prácticamente la taleguilla entera.

Rafaelillo en su segundo, que fue muy protestado por el público por lo que parecía una lesión en una de las patas traseras que luego resulto ser algún entumecimiento pues luego el astado portugués a los pocos minutos dejo de mostrar esa cojera, lo recibió con bonitos lances. El toro que se fue directo al caballo que guardaba puerta haciendo patente su condición de rajado se quedó allí pegado a las tablas y el murciano muy voluntarioso hizo todo lo posible para agradar a los tendidos con bonitos trincherazos y vistosos molinetes. Media estocada que valió un apéndice del manso de Santa María.

Fernando que ya vio que su compañero de terna ya tenía la puerta grande no dudo en salir a por todas con un afarolado de rodillas y arrebatados lances para recibirlo. Esta vez fue también Jorge Escribano quien con nos hizo disfrutar con dos buenos pares de banderillas saludando desmonterado al termino del tercio. El torero de Villarta templado y muy firme, haciendo gala del estupendo momento por el que atraviesa, sacó muletazos de extrema belleza a al astado que estaba falto de fuerza, pero que el torero supo medir los espacios y los tiempos a la perfección para bordar el toreo al natural. Tanda con la derecha y arrebatador pase de desprecio para después darle una estocada entera y un golpe de verduguillo que no empañó la faena de mérito y pasear una oreja.

Y en el último se dio la anécdota de la tarde, al aparecer Carlos Aranda vestido de blanco y azabache cuando su primero lo mato con un terno catafalco y oro, que debido al destrozo que le hizo en la taleguilla y vivir el novillero a escasos minutos de la plaza no dudo en ir y cambiarse de vestido.

Paró al novillo con acompasados lances por verónicas que salió en la línea de toda la corrida, buscando el escape. Después de brindar a su madre que se encontraba en el tendido, saco al animal hasta los medios doblándose con él y sometiéndolo. Toreo del caro el que vino después con la mano derecha llegando mucho a su gente que no paraba de jalearlo. Muletazos a cámara lenta y en redondo de sabor, toreó muy despacio el novillero de Daimiel y nos hizo reafirmarnos que hay mimbres para un gran torero. Estocada entera y dos orejas.

Salió la terna a hombros del coso de Daimiel a los sones de la famosa canción “De Daimiel, somos de Daimiel” interpretada por la banda de música y coreada por el público desde los tendidos.

Plaza de Toros de Daimiel

Menos de media plaza.

Rafael Rubio Lujan “Rafaelillo” (Eminencia y Oro)

Oreja y Oreja

Fernando Tendero (Azul Noche y Oro)

Oreja y Oreja

Carlos Aranda (Catafalco y Oro/ Blanco y Azabache)

Saludos desde el tercio y Dos Orejas

Crónica. Marcelino Abenza

Fotos: © J. Camacho

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