“La honradez se despidió con siete en Alcázar”

Amaneció el sábado en Alcázar con el sonido de las ramas y las hojas de los árboles, azotados por un viento que no quiso perderse el acontecimiento, para dificultar el asunto y de nuevo poner a prueba a un torero que durante toda su carrera ha sabido salir airoso de los numerosos obstáculos y problemas que conlleva ésta profesión. Dificultades las de ser profesional del toreo, y numerosos obstáculos los que se presentaran hasta llegar a ser matador de toros, pero también, satisfacciones, sentimientos únicos y sensaciones gloriosas como las que se vivieron el sábado en Alcázar.

A pesar de todos los factores que querían poner caro el triunfo en la despedida, allí estaba el hombre, el torero, la persona. Vestido de gris perla y oro, acompañado de un batallón de toreros de plata a pie y a caballo, en un último y emotivo paseíllo en la plaza que le vio crecer. En los corrales seis toros de dos ganaderías, que se iban a sumar a la “fiesta de la dificultad”. Saludó Aníbal desde el tercio la ovación de bienvenida y de agradecimiento de su público.

Salió el musculado y bien hecho Ventorrillo que abría plaza y Aníbal lo saludó con una larga cambiada de rodillas para después empezar a trabajar las condiciones apretando del animal en el capote y una embestida que aunque se dejó, no terminó de tener entrega. Quitó por chicuelinas y media, y en la muleta tras brindar al público poca brillantez. Rebrincado, sin ir hacia delante, y muy molesto para matar resultó este primero de los siete.

En segundo lugar salió “un tío” de Mollalta, cinqueño, rematando y sacando astillas y paneles publicitarios de los burladeros. Tras dos puyazos, y el capote con oficio que maneja Manolo Castellanos, mas el sensacional tercio de banderillas que protagonizaron Oscar Castellanos y Miguel Ángel Ramírez, saludando montera en mano, dejaron manejable la embestida del “pavo de Mollalta”. Éste toro se lo brindó a José Luis Cazalla y Manolo Vázquez, quien fueran sus mentores en una etapa de su carrera. La faena fue una lucha contra el viento y la seriedad en el comportamiento del toro, el cual a pesar de resultar manejable, demostró exigir firmeza y estar muy despierto al torero que consiguió hacer embestir a base de “empujarlo hacia delante” y llevar muy tapado a pesar del vendaval. Cayeron las dos primeras orejas de la tarde tras una buena estocada para que Aníbal cogiera la senda de la entrega absoluta y poder con todo lo que tuviera que venir detrás.

El de Mollalta que hizo tercero también era un tío. Mucho trapío los tres toros del hierro de Tirteafuera, con tres bichos, musculados y bien hechos como era el caso de éste castaño de nombre Fiel, al que Aníbal volvió a saludar con una larga de rodillas. Después apretó y fue difícil en los primeros tercios como casi toda la corrida. La lidia llevada a cabo por Félix Jesús Rodríguez fue un monumento a la suavidad y al temple. Lo brindó a Ángel Lillo, persona que ayudó al torero desde sus inicios más tempranos. En la muleta al toro, le costó entregarse y desplazarse con recorrido, Aníbal se lo pasó con importancia bien por el derecho donde hubo momentos muy buenos. Al natural lo hizo también humillar en naturales conseguidos a base de confianza en sí mismo. En el epilogo tiró la ayuda y con la diestra al natural sobró con uno, que fue de arriba abajo, de adelante hasta el final, que elevó lo artístico de un laborioso trasteo. El pinchazo previo a la estocada desprendida dejó en oreja el premio.

En cuarto lugar, un Ventorrillo de armónicas hechuras al que intentó lancear a la verónica flexionando la pierna que carga la suerte. La mansedumbre dificultó la brega y la suerte de varas donde se le dio bien. El brindis esta vez sería para su sobrino Diego, quien hace las labores de ayuda de mozo de espadas y quien acompaña al torero durante ya varias temporadas. En la muleta que continuaba moviéndose como una bandera toda la tarde, se ajustó Aníbal por el lado derecho en varias tandas de muletazos con brillantez y poderío del entregado torero. Entró a “matar o morir”, llegándole el pitón a golpear en el vientre, saliendo rebotado el torero, pero dejando un espadazo arriba que tras un certero golpe de descabello hacían caer otro doble trofeo.

La tarde ya era de Aníbal. “Ya podía seguir arreando el viento y ya podía salir el toro más complicado”. Y salió uno que no fue nada fácil para continuar la tónica general. Otro muy serio de Mollalta, con dos leños pero bajo y de buenas hechuras. Se picó como casi todos en ambos caballos, el que hacia la puerta y el que debía picar. Fue fundamental para que el toro supiera el significado de embestir, que Oscar Castellanos sometiera por abajo con un capote que fue el que verdaderamente hizo ahormar la embestida del animal, ¡qué poderío el de este torero de plata en la brega! Al Director General de RTVCM, Nacho Villa brindó Aníbal una faena para aficionados, que tuvo enjundia y entrega. El torero embalado en ese momento, lo puso todo, el empuje, la raza, el sitio, la colocación, los tiempos y el valor para aguantar las miradas y los parones del que a veces parecía venir dormido a los toques. Sin llegar a tener una embestida humillada y fácil, lo metió en una canasta con mimbres de oficio. Con la espada apareció la temida intermitencia que el torero ha sufrido durante toda su carrera, pero que no consiguió enfriar al público, dos orejas.

El bonito castaño en sexto lugar de El Ventorrillo lucía hechuras de embestir y así lo hizo. Quizá el de mas clase de los siete lidiados. Tras no poder estirarse con el capote, Ignacio Sánchez echó la vara con maestría y dejó dos varas en el sitio. En banderillas otro momento de gloria para las cuadrillas. Félix Jesús Rodríguez con los palos sacó los brazos y dejó dos pares extraordinarios. Le acompañó en el saludo montera en mano Pablo Fernández, mientras Espartaco Chico se llevaba de punta a punta de la plaza al toro, con el capote a una mano, llegando apurado al burladero donde apareció el capote de Oscar Castellanos para hacer el quite de riesgo de la tarde, mientras sonaba una atronadora ovación por los pares de banderillas, ¡momentos capaces de salvar cualquier tarde!. El brindis al subalterno “Niño del Tentadero”, quien fue tercero de su cuadrilla durante mucho tiempo y para seguir demostrando torería comenzó Aníbal sentado en el estribo, y después con las dos rodillas en tierra para provocar el clamor en los tendidos. Ya de pie y presentado la pañosa plana, hizo el toreo cargado de compás, con ritmo en la manera de llevar la embestida, y con valentía por exponer el pecho y la cintura en cada tanda. Una labor quizá más rotunda que las demás, el viento o la Virgen del Rosario de Alcázar parecieron dar una mínima tregua, que Aníbal aprovechó. Bonito fin de fiesta que la espada no dejó que fuera redondo, y antes de que doblara “Novicio” ya hacia el gesto Aníbal de regalar el sobrero.

Salió uno de El Ventorrillo más bajo de trapío que los seis restantes y feo de cara. El gesto era lo importante, ya daba todo igual. Suponía un detalle más de entrega y honradez de Aníbal con su profesión, con su gente, consigo mismo. Mal picado y con dificultades en los primeros tercios. De nuevo apareció Oscar Castellanos, esta vez con los palos, como en el segundo, soberbio y con unas facultades de figura del toreo de plata. El brindis a la persona que da sentido a la vida del torero, su hijo Aníbal. Su mujer Alicia desde el tendido entregaba al niño a brazos de su padre, quien subido al estribo le dedicó el último toro de una etapa profesional de más de veinte años. Con la emoción en los tendidos la faena no alcanzó grandes vuelos artísticos, pero no hacía falta. Lo emotivo podía con todo y esos momentos de Aníbal con la muleta ante su último toro cubrían de nostalgia el ambiente. Otra oreja más, era lo de menos. El torero había logrado anteponerse a una tarde cuesta arriba por el viento y las dificultades de una corrida muy seria, con el compromiso de ser televisada y por todo lo que suponía. Su cuadrilla lo cogió en volandas para sacarlo a hombros de la plaza y llevarlo hasta el hotel, sobre unos hombros de costaleros de plata y agradecidos amigos.

Fue un placer contar tus tardes en éstas crónicas que intentaron definirte siempre con todos los respetos. Se te echará de menos, se te recordará cuando lleguen los carteles de la temporada que viene y de parte de toda la afición y de todos los que te conocieron, simplemente, ¡gracias y hasta siempre torero!

Plaza de toros de Alcázar de San Juan. Más de media entrada. Viento insoportable en tarde de nubes.

Toros de El Ventorrillo (1º,4º,6º y sobrero) de buenas hechuras salvo el sobrero y de comportamiento desigual destacando el sexto, y Toros de Mollalta (2º,3º, y 5º) muy serios, duros y complicados, destacando el quinto.

Aníbal Ruiz (Gris perla y oro): Ovación con saludos, dos orejas, oreja, dos orejas, dos orejas, dos orejas y oreja en el sobrero.

Saludaron montera en mano con el segundo Oscar Castellanos y Miguel Ángel Ramírez y con el sexto Félix Jesús Rodríguez y Pablo Fernández.

Estuvieron presentes en el tendido numerosos personajes del mundo del toro. Matadores como Emilio Huertas, José Luis Moreno, Carnicerito de Úbeda, Luis Miguel Vázquez, el novillero Carlos Aranda, etc.… Y del mundo de la política que arropa y apoya la fiesta, como Leandro Esteban, Marcial Marín, Carmen Quintanilla o el propio alcalde de la localidad, Diego Ortega entre otros.

Crónica: Víctor Dorado Prado. Fotos: Manuel del Moral Manzanares.

Prohibida la reproducción total o parcial de textos y fotografías de esta página web.

Comments are closed.