TENTADERO EN “HATO DE GARRO” HISTORIA VIVA DEL TOREO

A mediados del pasado mes de diciembre tuvimos la oportunidad de vivir una grandiosa jornada campera, la cual aprovechamos para cubrir de manera informativa y compartirla a través de este burladero digital con todos ustedes.

En pleno Valle de Alcudia se encuentra la finca “Hato de Garro”; todo un referente en el campo bravo de nuestra provincia por su dilatada historia ganadera y donde pastaron las reses bravas del gran Victoriano de la Serna, el cual vivió y murió rodeado de las longevas encinas de Alcudia en un verdadero cartel de toros paisajístico.

Actualmente su hijo José Ignacio de la Serna vive ilusionado en devolver a la finca la vida de bravo, que recuperó de manera romántica hace unos años. Las vacas puras de Veragua son los mimbres con los que José Ignacio emprende esta senda ganadera cargada de sensibilidad, romanticismo y sabiduría taurina. Su vecino ganadero Javier Gallego, que sostiene por la vía mas pura el origen Veragua en el hierro que lleva su nombre, tiene gran parte de culpa en el nacimiento de esta nueva divisa de bravo.

El domingo amaneció bonito en lo luminoso pero bravucón y desagradable por el tremendo vendaval que azotaba a los pies del puerto “Niefla”. Llegamos acompañados por Macarena Gallego, la joven ganadera de “Toros del Ojailen” y tras el largo camino entre encinas llegamos a la finca donde pronto nos sobrevino el aroma torero que desprendían los profesionales que aguardaban el comienzo del tentadero. Un verdadero cartel de lujo digno del mas importante acontecimiento taurino posible. Por destacar a los verdaderos protagonistas del tentadero entre los demás presentes y por orden de antigüedad, fíjense como sería el hipotético cartel de toros allí presente: José Ignacio de la Serna, Antonio Sánchez Puerto, Luis Miguel Villalpando, Manuel Amador, Rubén Pinar y “Fortes”. Las reses del cartel de origen puro Veragua de la familia De La Serna las podríamos plasmar en dicho cartel con el hierro de Javier Gallego, compañero de viaje de su amigo José Ignacio.

Tras vestir al caballo de picar y ajustarse la gregoriana el picador y ganadero Enrique Gallego, comenzaba lo serio. Dos vacas para cada matador de toros con unos matices extraordinarios de bravura. En la primera de Rubén Pinar se reunieron esos comportamientos por los que cualquier ganadero suspira en sus crías como son la franqueza en ir hacia delante con humillación, así como la profundidad e importancia. Matices que requieren tener delante un capote y una muleta que le haga muy bien las cosas, pero también capacidad para aguantar que aquello venga a comerte con estilo en la embestida, ahí es nada. En definitiva, la vaca que necesita José Ignacio para cobrar vida en la ilusión de criar un toro bravo que ofrezca espectáculo, mantenga la atención del espectador y permita pegarle veinte pases buenos al que se ponga delante. Esta vaca fue la mas importante del tentadero y a la que precedieron otras tres a las que Pinar y “Fortes” dieron fiesta a pesar del vendaval. Las demás eralas fueron con derechura al caballo una y otra vez provocando la satisfacción en un José Ignacio de la Serna que junto a Javier Gallego tomaban nota de los comportamientos, en un burladero en la umbría de la plaza de tientas que nada envidiaba a una autentica cámara frigorífica.

En la muleta todas tuvieron el predominio de la fijeza, la ausencia de querencias o síntomas de mansedumbre y con mayor o menor nota todas ellas fueron a más, permitiendo como decimos estar a gusto dentro de las complejidades que entraña la casta a Pinar y a “Fortes”.

Tras el fenomenal resultado global de las cuatro vacas, la lumbre del salon de “Hato de Garro” ayudaba a entrar en calor cuchara en mano para saborear un sabroso guiso de patatas con cordero capaz de resucitar a un muerto. Con la marcha de algunos de los presentes comenzó una agradable e intima sobremesa en la que nos sentimos unos privilegiados, escuchando a los veteranos del cartel donde se mezclaban los sentimientos y la sensibilidad de José Ignacio, la prudencia y la torería de Sánchez Puerto, la elegancia y el conocimiento del toreo actual de Villalpando y la claridad de ideas y la franqueza ganadera de Javier Gallego. El temple de los matadores de mediados del pasado siglo, el templar a los toros en el comienzo del lance, la falta de gallardía y saberle andar a los toros de la tauromaquia actual, los comportamientos de las cuadrillas de antes en las que cualquier integrante de la misma era un filosofo del toreo y al cual se respetaba por su sabiduría en las suertes, así como la torería que estos desprendían fueron algunos de los temas de tertulia cuando ya la noche y el frio invernal se vencían sobre el valle de Alcudia.

Para enmarcar y recordar muchas de las afirmaciones vertidas por cualquiera de ellos, pero destacaría una frase que comentó José Ignacio sobre algo tan cuestionado por los taurinos como ¿qué es el arte? a lo que De La Serna respondió con torería en el verbo y como respuesta: “el arte es aquello que permanece cuando termina la faena”. En definitiva, un día inolvidable en lo personal, ya que los diálogos entre estos grandes de la tauromaquia suponen un deleite para los que nos sentimos principalmente aficionados. Desde estas líneas queremos felicitar al bueno de José Ignacio por el gran tentadero, así como agradecer su amabilidad y nobleza con nosotros.

Texto: Víctor Dorado Prado

Fotografía: © Manuel del Moral Manzanares

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