MAGISTERIO A CABALLO, EFECTISMO A PIE

Deslucidos murubes de El Capea en Almagro, con los que triunfan Hermoso de Mendoza y Perera, en labores de diferentes registros. López Simón se marchó andando tras cortar una oreja del sexto.

El tradicional día de toros en la localidad encajera, por sus fiestas en honor a San Bartolomé, como cada 25 de agosto, congregó a dos tercios de público en sus tendidos para presenciar el festejo mixto, en el que se lidiaron reses de “El Capea” y Carmen Lorenzo. La procedencia Murube, hoy en día relegada por sistema a las corridas de rejones, sería gran parte del atractivo, por comprobar su comportamiento con los de a pie. Y cierto es que la corrida no sirvió. Faltos de empuje, de ritmos, de trancos y de claridad en sus embestidas, dieron al traste con las opciones de lucimiento de Perera y López Simón.

Abrió plaza el que más compás tuvo en sus galopes, y el que mantuvo de alguna manera un determinado comportamiento. El grandioso torero a caballo, Pablo Hermoso de Mendoza daría ante él una lección de torería y pulcritud, algo tan denostado en este escalafón de tremendismos y “caballadas”. Paró a este primer enemigo con la difícil facilidad, del que domina los terrenos y sabe encelar a los toros. Alquimista se hizo un acordeón en varios embroques sin clavar, donde la reunión se conjuga por todos los tiempos verbales posibles que tiene el verbo torear. Después cambió por Berlín, que con las facultades de su dorso y la perfecta y fina impulsión del navarro, hicieron verdaderos carteles de toros. Cuatro banderillas excelsas, como si hubieran sido cuatro tandas por ambos pitones. No hacen falta cabriolas, ni lanzadas, ni corvetas, aquí se intenta torear a caballo. Después tres cortas llegándole mucho al toro y un rejonazo en dos tiempos, llevaron a las manos del maestro la primera oreja de la tarde.

En su segundo su actuación tuvo alti bajos, producidos por la incierta, sosa y vulgar codicia, del feísimo toro de El Capea. Aun así, Pablo lo volvió a bordar en banderillas muy toreras, montando a “Ilusión”, donde ofreció todas las ventajas a las pocas arrancadas que le regalaría el toro. “Ilusión” recordó a “Cagancho” por su expresión, su flexibilidad más reducida de cuello y nuca, y su enorme corazón para aguantar lo que venga. Con el castaño Ágora ya había menos donde rascar por lo pronto que se desinfló  el de Capea. Montando a “Corsario” se encimó para las cortas y la rosa. Enterró trasero y arriba el acero, y el doble trofeo al esportón del navarro, al que hoy su hijo Guillermo le había dejado bajo mínimos (por su actuación en Cuenca) en lo que a caballos punteros de su cuadra se refiere. Con todo y con ello y sin despeinarse, nueva lección de maestría por parte del mejor de todos los tiempos, Pablo Hermoso de Mendoza.

El primer capítulo de a pie correspondió a Miguel Ángel Perera, a quien le faltó toro toda la tarde. No le iba a ayudar el primero, un toro sin demasiado cuello, corto de pitones y el cual no terminaría de romper con claridad hacia delante. Tardeó y midió en los primeros tercios, donde prendió sin consecuencias a Cebadera, cuando se disponía a parearlo. Intentó Perera ordenar el viaje del toro sin demasiados logros. La espada quedó atravesada haciendo guardia y escuchó palmas.

Ante el quinto, Perera lo intentó lancear de salida recibiendo una seria colada por el lado derecho. Sensacional estuvo ante este toro Javier Ambel, con lances de verdadera perfección en temple, suavidad y mando. El brindis al público sería la antesala de un comienzo de faena sin ajustes, ante una especie de vendaval típico de tormenta veraniega, que molestó en el ambiente. De mitad del trasteo en adelante, los efectismos del extremeño fueron el arma para calentar al respetable. Molinetes y varios desplantes, entre muletazos sueltos por el lado derecho, sin demasiada limpieza, fueron muy jaleados por el tendido. El espadazo trasero y desprendido hacía doblar casi en la puerta de toriles al de Capea. Excesivas dos orejas por parte del presidente.

Alberto López Simón tuvo ante sí un lote al que le faltó empuje y raza. Su primero; toro más fino y atlético que sus hermanos, humilló con cierta clase y cierto ritmo en los primeros compases de su lidia. Albergó unas esperanzas que se diluyeron al venirse muy pronto a menos. Brindo al Capea, y con la franela, anduvo algo encimista el madrileño, sin decir demasiado, ya que a la materia prima le faltaban una gran cantidad de matices para llevar a cabo el toreo fundamental. Con la espada y muy de lejos como acostumbra el de Barajas dejó una estocada casi entera, dando una vuelta al ruedo.

Para cerrar plaza salió el más ofensivo y serio de los lidiados, el cual se dolió ostensiblemente de la pata derecha, apoyándose con serias dificultades, lo cual condicionó en gran manera su lidia. Se desmonteró Vicente Osuna, tras dejar sendos rehiletes rojiblancos en la yema, asomándose al balcón y saliendo con torería de la cara. El comienzo animoso de Simón con la “capeína” o “pase de las flores” denotaban las intenciones de sumarse al triunfo de sus compañeros. Poco pudo obligar al toro en los medios, donde las luces y las sombras, acompañadas de las molestas rachitas de viento deslucieron el ya de por si deslucido juego del que cerraba la corrida. La estocada entera valió para que el público premiara su labor con una oreja.

Por cierto, y como detalle que no puede pasarse por alto, ¡Que gusto da escuchar la banda de música de Almagro! Templada, maciza y la más torera con diferencia de nuestra tierra. ¡Enhorabuena!

Crónica: Víctor Dorado Prado

Galería fotográfica: © Manuel del Moral Manzanares

Plaza de Toros de Almagro. 25-8-19. Dos tercios de entrada. Tarde calurosa que terminó casi en tormentosa.

Se lidiaron toros de “El Capea”, Carmen Lorenzo y San Pelayo, desiguales de presencia y deslucidos en líneas generales en su comportamiento.

Pablo Hermoso de Mendoza: Oreja y dos orejas.

Miguel Ángel Perera, de gris perla y oro: Palmas y dos orejas.

López Simón, de azul rey y oro: Vuelta al ruedo y oreja.

Se desmonteró Vicente Osuna tras parear al sexto. Hermoso de Mendoza y Perera, salieron a hombros por la puerta grande.

 

 

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