Tomelloso: ¡”Qué fantástica esta fiesta”!

La tarde de ayer en Tomelloso me hace recordar aquel famoso éxito de Rafaella Carrá del año 1977 llamado “Fiesta” que en su estribillo decía así: Fiesta, que fantástica, fantástica esta fiesta, que fantástica, fantástica esta fiesta, esta fiesta con amigos “y sin ti”. Sin ti, toro bravo, sin ti toro encastado, y sin ti toro que transmita la necesaria emoción en los tendidos.
Por destacar y darle luz positiva a ésta crónica me quedaré con ver los tendidos de una plaza de toros casi llenos. Faltaron alguna chispita por el sol, pero el aspecto era soberbio y digno de ver. Como principal moderador y director del espectáculo estuvo de nuevo el presidente, a quien debo decir que la puntualidad en una corrida de toros es algo que pertenece a la liturgia taurina tan maltratada en la actualidad. Con quince minutos de retraso no puede empezar una corrida de toros, con esos cambios de tercio en cada toro en el segundo par de banderillas, por sistema, no favorece al espectáculo, y con esa subordinación hacia los que se visten de luces no se puede pedir que le respeten desde el tendido, porque no estás realizando tu labor dignamente.
Por el amplio portón de toriles salió un toro de El Capea, para la lidia a caballo de Sergio Galán, que anduvo fino clavando y decidido. Salió rajadito el que abría plaza y Galán consiguió buenos momentos con el caballo Ojeda, exponiendo mucho. Con Apolo vino más la parte espectáculo, con los aires de alta escuela que calientan los tendidos. Falló con los aceros y dejó sin premio una faena que lo merecía.
Tras ese primer entrante ecuestre, fueron saliendo hasta siete toros (incluido el sobrero de regalo) de Montalvo, desiguales de presentación, algunos sin presencia de toro para las figuras y nobles y bondadosos hasta la saciedad. Allí no se vio ningún atisbo de fiereza, ni de genio, ni en resumen de casta y bravura verdadera, que pusiera en dificultades a los coletas. Todo lo contrario, facilitaron sin medida el toreo de muleta en redondo y con ventajas que es a lo que se reduce hoy en día la lidia.
El Juli anda arrollador y claro, con estos toros delante más. Sobrado, fácil, sin despeinarse y a medio gas le formó un lio a su segundo, que blandeaba al comienzo del trasteo y al que fue cuidando y recuperando para después aprovechar unas embestidas humilladas y largas con un extra de bondad, que propiciaron la petición de indulto por la gran mayoría del público. El presidente no se dejó llevar y ¡a Dios gracias! que El Juli entró a matar con esa peculiar manera, enterrando el acero, con la consiguiente concesión de las dos y el rabo del noblote toro de Montalvo. Tras conceder el palco los trofeos, el torero salió al tercio dirigiéndose al presidente de manera exigente y enfadada la vuelta al ruedo al toro a lo que este “accedió raudo”. Decir también que me pareció lamentable y bochornoso ver al Sr. Daniel Ruiz capitanear la sección de palmeros de El Juli en el callejón, que le alientan con gritos de ¡olé! y de ¡bien! haciendo ademanes con los brazos y aplaudiendo con una efusividad que en mi opinión anda lejos del comportamiento que siempre se ha tenido en un callejón por parte de los profesionales.
Miguel Ángel Perera estuvo tras El Juli con voluntad y disposición a parte de un cierto pique de no querer dejarse ganar la pelea. En el segundo salió con dos largas cambiadas de rodillas y comenzó la faena también de la misma manera, dos rodillas en tierra, toreando en redondo. En las dos faenas terminó el trasteo el extremeño haciendo gala de ese dominio de la corta distancia, en algunos casos ya repetitivo y ventajista con toros como los de ayer. El objetivo eran los trofeos y tras un espadazo trasero lo consiguió.
Alejandro Talavante volvió a apuntar alto con el capote en varios pasajes a la verónica o quitando por tafalleras o chicuelinas, en los que se aprecia una cadencia en los vuelos de su capote diferente a la de antes.
Con la muleta destacó su manera de torear al natural, también con mucha personalidad y pureza. En la faena de su segundo (el mejor presentado de los Montalvo) el toro se lesionó y con ello provocaba el marcharse a pie de Alejandro, por lo que pidió el sobrero. Con éste hizo lo suficiente para que el amable público manchego le otorgara ese trofeo que le abriera la puerta grande. En esta ultima faena, destacar los primeros compases de la muleta donde el toro galopó, con algún atisbo de esa nula transmisión de sus hermanos.
Volviendo al comienzo de ésta crónica y tarareando el estribillo de la canción de Rafaella Carrá, me queda la sensación de haber vivido ayer una tarde de toros entre amigos, empezando por el público que llenó los tendidos, seguido por el presidente que anduvo a favor de obra y como no, por los tres figuras que se divirtieron en una tarde entretenida para ellos, con el principal colaborador ayer, que fueron los “colegas de Montalvo”.

Plaza de Toros de Tomelloso. Casi lleno. Mucho calor.
Un toro de Carmen Lorenzo manejable para rejones y siete toros de Montalvo desiguales de presencia, nobles y colaboradores (al quinto se le dio la vuelta al ruedo).
Sergio Galán: Ovación
El Juli (Tabaco y oro): Oreja y Dos orejas y rabo
Miguel Ángel Perera (Guinda y oro): Oreja y Dos orejas
Alejandro Talavante (Caña y oro): Oreja, ovación y dos orejas en el sobrero.

Salieron a hombros los tres matadores y el mayoral de la ganadería.

Crónica: Víctor Dorado Prado. Fotos: Manuel del Moral Manzanares

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